Compendio de pecados capitales

Me asomé a la ventana del infierno

y no vi nada que me horrorizara 

Amalia Bautista

Decide el envidioso su carcoma,

negro gusano el corazón le come.

Olvida la esperanza el perezoso

en cualquier descampado de un suburbio

donde los lujuriosos se descargan

del oscuro furor que los habita.

Sobrevive a puñal el irascible

y sueña paraísos el goloso

donde el limo se vuelve suculento.

El soberbio decora su guarida

en altitudes puras y espejismos

donde muere de asfixia y soledad.

 

De todos los pecados capitales

el más terco y fangoso es la memoria.

 

Pervierte cuanto olvida y cuanto ama.

 

Devoran sus arenas movedizas.

 

Rocío Hernández Triano

Los seres quebradizos

Pecado capital, por Nancy Almazán

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